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Nuestra llegada aquella fría gris mañana a Irkutsk, no hizo mas que constatar que habíamos llegado tarde a nuestra ansiada cita con el Lago Baikal. Tras ser recogidos en la estación de tren, de la que fue última parada de nuestra experiencia férrea rusa, por un miembro del hostel Nerpa. Saludamos a la adorable Sacha, cuyas facciones, mas asiáticas, nos recibieron con una cálida sonrisa. Una vez instalados, nos duchamos y nos pusimos ropa limpia, que tras dos días dentro del tren fue de agradecer. Sin mas dilación tomamos rumbo al centro. Atravesamos el puente sobre el caudaloso río Angara y tomamos la calle Chkalova que desemboca en el Boulevard Gagarin.

IMG_6232 Sobre la ribera del río, la estatua del zar Alejandro III, construida para celebrar la finalización de la ferroviaria que unía la capital siberiana al resto del Imperio Ruso, nos dió los buenos días de forma educada, mientras en el otro extremo de la calle, un poco mas arriba del Museo Etnológico y del Teatro Okhlopov la omnipresente estatua de Lenin aguardaba nuestra llegada para tomar la foto de rigor.

La capital de Siberia bien merece una parada. Es una ciudad que en su corazón aglutina una mezcla de bonitos edificios de estilo clásico, algunas casas de madera que le dan ese aire pintoresco y una buena oferta gastronómica, muy a tener en cuenta si se va o se viene de Mongolia…

Hambrientos como estábamos, comenzamos a vagar por las calles en busca de algo apetecible con lo que saciar nuestro apetito. Sushi, pizza, comida rusa, fueron descartados por uno u otros motivos. De repente dimos de bruces con una cervecería alemana, Ambar, en la calle Karl Marx 26Desde fuera pudimos ver una llamativa y suculenta oferta.

Un codillo asado, y cervezas artesanales, no se podía rechazar. El sabor de tal combinación nos trasladó en cuerpo y alma a nuestro adorado Berlín. Tras dar buena cuenta de ello y pagar la cuenta, pusimos dirección a la Plaza Kirov, la principal de la ciudad, donde se encuentran los principales edificios. El ayuntamiento, el Banco Central de Rusia, La Facultad de Lengua, la Administración del Departamento de Irkutsk-Oblast.

IMG_7220Un poco mas adelante, en la plaza de las tres iglesias. El otrora denostado poder religioso se congrega al lado del económico-administrativo. La barroca-siberiana Catedral de la Epifanía, la neo-gótica Catedral Polaca (construida en 1881 con donaciones de la congregación católico-romana del Imperio Ruso) y la Iglesía del Salvador (1706) que tiene el honor de ser el edificio (intacto) mas antiguo de la ciudad y esta decorada fiel al estilo ortodoxo, con infinidad de frescos. La llama eterna en honor a los caidos en la Gran Guerra y las flores en su memoria, nos condujo al soleado paseo en la ribera del río Angara. Los barandales llenos de candados con las iniciales de enamoradas parejas, sellando de esta últimamente tan expandida manera por todos los rincones del mundo, el sol dorando nuestros rostros y el codillo asentándose felizmente en nuestros estómagos, no dudamos a la hora de introducir en la región un bello habito. La siesta. Tras veinte minutos traspuestos, recuperamos la energía para emprender el camino de vuelta al hostel. Teniamos que planificar nuestra estancia en la zona.

 

Irkutsk es un lugar al que se llega por dos motivos. Bien por que es trampolín al Lago Baikal, o bien para tramitar los visados de entrada a Mongolia. Nosotros cumpliamos las dos premisas. El plan era claro. Al día siguiente fuimos al consulado de Mongolia a tramitar las visas (Lapina St 11). Una fotografía, pasaporte, copia del mismo ( que te la hacen allí por diez rublos ) y el pago de 1900 rublos ( visado 1700 mas 200 de comisión bancaria ). En cuatro días la tienen lista. Tiempo mas que suficiente para que cuadraran nuestros planes.

Como ya era tarde para ir hacia la isla de Olkhon, nuestro destino en el lago, decidimos ir a conocer el pueblo pesquero de Listvyanka, bastante turístico por cierto. Setenta y cinco kilometros y una hora de minivan ( salen desde la estación de autobuses tipo charter, es decir, cuando se llenan…) nos trasladaron allí. Lo primero que hicimos fue ir al lugar que mas nos llamó la atención a nuestro paso con la furgoneta, el mercado de pescado. Allí la gran estrella en el Omul, típica captura de estos lares, y preparado de diversas formas. En el mercado te lo venden ahumado “seco”, mas o menos curado, abierto y sujeto por palillos, o ahumado “cocido”, oculto en unas cajas para conservar su temperatura. Entre pasillos repletos de la misma oferta, lo mejor es recorrerlo poco a poco. Colgado en hileras, donde el omul espera a ser llevado, establecer contacto visual con alguna vendedora, catarlo, y regatear. ¡Siempre regatear por su precio! Aunque lo rebajes, siempre pagarás mas como turista imagino, pero el regateo es siempre tan divertido… Todo un ritual al que acompaña la inseparable calculadora, para hacerse entender y llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes. Decidimos probar ambos, uno con un ligero recuerdo al tan extrañado por nuestros paladares jamón íberico ( a lo que puede llegar la imaginación en épocas de carestía…) y el otro con una carne mas tierna y jugosa. No sabría por cual decantarme. Un par de cervecitas y nos fuimos a dar cuenta de ello a una especie de “chiringuitos” que hay sobre la orilla del lago, y que se alquilan a razón de 100 rublos la hora, resguardandonos del viento que arreciaba de costado. El sabor nos encantó, aunque nos quedamos con hambre, así que volví al mercado, aunque esta vez para comprar una brocheta de cordero asado a la que ya había echado el ojo previamente, aunque me salió algo mas cara que el autóctono omul. He de reconocer que el irresistible olor que emanaba de la parrilla me hizo sucumbir a tal carnívora tentación.

 

Tras devorar las viandas, apurar las cervezas y consumir la hora de alquiler de nuestra “jaima” comenzamos a caminar por la orilla del lago en dirección a la pintoresca “Roca del Chamán / Shaman´s rock” y volver antes de las siete, hora en la que el último autobús sale de regreso a la capital. El mapa que teníamos engañaba bastante, y pronto nos dimos cuenta que alcanzar la roca y volver a tiempo era una utopía, así que nos dedicamos a pasear de manera mas relajada.

Tomamos un sendero colina arriba para tener una vista panorámica. Al cruzar cerca de un grupo de casas, todos los perros del vecindario se pusieron a ladrar y no pararon hasta que volvimos sobre nuestros pasos y nos alejamos de allí. Sin duda que los que por allí residen pueden dormir tranquilos…

La tarde caía inexorablemente y comenzaba a refrescar. Vimos pasar un par de autobuses de largo, pues eran de grupos organizados. De pronto, mientras tomaba una divertida foto desde el otro lado de la carretera, vimos que se acercaba una furgoneta “taxi” a la que hicimos señas para que se detuviera. Le preguntamos, como pudimos, si iba para Irkutsk, a lo que nos asintió. Eramos los únicos pasajeros, lo que al principio nos inquietó un poco, aunque a medida que avanzamos fuimos recogiendo a tanta gente, que al final quedó repleta. En poco mas de una hora, atasco mediante, estuvimos de vuelta en la capital. Un paseo por el supermercado para comprar provisiones y de vuelta al Nerpa. Al día siguiente tocaba madrugar. Teníamos una cita marcada en rojo en nuestra “agenda rusa”. La isla Olkhon y su maravilloso entorno.

Nos aguardaba el “gran azul de Siberia“.

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