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Habíamos decidido el tomar el autobús en vez del tren para cruzar la frontera entre Rusia y Mongolia, pues el precio para este último era desorbitado y dado lo limitado de las plazas estas se agotan rápidamente.

Con Vladimir y Lenin, o su cabeza...

Con Vladimir y Lenin, o su cabeza…

Contactamos a través de Couchsurfing con Vladimir, un chico de Ulan-Ude, que nos cobijó, no en su casa si no en un “proyecto” de hostel que estaba ultimando. En lo alto de un edificio de la era comunista desde el que se divisaba toda la ciudad se encontraba Nomad Hostel (Oktyabrskaya 21-33). Su puesta en escena es básica y funcional, con unas grandes y cómodas literas donde poder descansar antes de emprender el viaje fronterizo. Vladimir, un ferviente defensor de la comunidad buryati de la que Ulan-Ude es la capital, nos hizo de Cicerone y nos paseó por el centro de la ciudad que, como no, también tiene su escultura de Lenin. La particularidad de la misma es que se trata tan sólo de la cabeza del líder bolchevique, con una altura de casi ocho metros y un peso de 42 toneladas. Digno de ver. A su vez, nos introdujo en un mundo nuevo. A parte de la fisonomía de las personas que comenzaban a ser mas “asiáticas”, nos descubrió el primer templo budista que visitamos en nuestro viaje.

Bastante nuevo, y no muy sobrecargado de imágenes o estatuas de buda, pero nos ayudo a comprender que nos adentrábamos en algo desconocido hasta entonces por nosotros. Tras esta breve introducción al budismo, nos llevó a comer a un restaurante típico buryati, donde nos dejamos aconsejar y comimos una especie de bola grande de pasta, rellena de carne picada y cebolla, que acumula el caldo de la grasa de la carne en su interior cuando esta se deshace al cocerlo, y que se come con las manos “sorbiendo” el liquido antes de que se te derrame y te deje bien bonito. Se llaman buuz y se iban a convertir desde aquel día en el elemento angular de nuestra dieta durante las siguientes cuatro semanas.

Teen Russian Skaters

Teen Russian Skaters

Recorrimos las calles del centro,esta vez solos pues Vladimir tenía que hacer unas gestiones relacionadas con su proyecto. Vimos el edificio de la opera, y nos entretuvimos frente a él viendo como unos chavales practicaban sus trucos con el skate. Preguntamos sobre los horarios de los autobuses a Ulaan-Baatar, la capital de Mongolia, nuestro destino a la mañana siguiente, para dejar todo apañado.A las 7 de la mañana salia, habría que madrugar. Caminamos de regreso al Nomad tras tomar unos cafés para entrar en calor, pues el frío se comenzaba a sentir.

 

La jornada había comenzado de manera un tanto convulsa. Tal y como nos habían aconsejado el día anterior, acudimos a las siete de la mañana, sin billete, a la parada del autobús que nos conduciría a tierras mongolas. Según nos habían comentado, no haría falta. Al llegar allí a las siete menos diez, muy puntuales para nuestra costumbre, nos encontramos ya con bastante gente esperando al convoy. Nuestra sorpresa inicial, se fue tornando poco a poco en pánico, a medida que se iba llenando el autobús, y quedando menos plazas en él. Nuestra visa expiraba ese mismo día y no queríamos tener problemas con las autoridades rusas. Nosotros insistíamos al conductor y a su ayudante en que teníamos que coger el bus, pero estos nos ignoraban bastante, pues o no entendían o no querían entendernos. Una familia nos intentó ayudar, preguntándole de nuevo al conductor, pero este no parecía por la labor de dejarnos viajar. Una vez todos los pasajeros que tenían billete (algunos sospecho que también sin él) estaban sentados en sus plazas, permanecíamos abajo siete viajeros, tres chicos finlandeses, otras dos chicas también finesas y nosotros. En el bus, solo quedaban tres asientos libres que el ávido conductor tuvo a bien adjudicar por razones logísticas a los tres finlandeses. La regla no escrita de caballerosidad de siempre dejar a las “damas primero” debe ser que no cruzo nunca el telón de acero. Kolja, medio impotente se fue a suplicar a los chicos que nos dejaran viajar a nosotros pues nuestras visas caducaban en unas horas. Dos de ellos se lo pensaron pero otro no lo vio tan claro y se fueron directos al interior a ocupar sus “solicitadas” plazas. De repente, cuando estábamos ya contemplando alternativas de viaje con las otras dos chicas finlandesas (coger un minibús a la frontera, y una vez allí hacer auto-stop y que alguien te recogiera y cruzara la frontera, pues a pie no se podía hacer. Tal vez incluso podrías tener la suerte de que te llevara en dirección a la capital de Mongolia, lo cual me empezaba a hacer sentir un gusanillo en el estómago) un señor perteneciente a la familia que nos había tratado de ayudar anteriormente, le comentó algo al conductor del bus, y este, con cara de enfado nos indicó que subiéramos. La solución que nos presentaron era una silla supletoria para Kolja al final del pasillo y para mí, ocupar en la parte delantera el asiento del ayudante. Yo, que andaba algo “mosqueado” por todo el trato dispensado, y pensando en la posible experiencia de ir por otros medios hasta la frontera estuve a punto de mandarlos a paseo, pero Kolja ya estaba subida y las finlandesas me miraron como diciendo ” si no lo hacéis vosotros lo hacemos nosotras” así que con un cruce de miradas y un adiós precipitado, las perdimos de vista conforme la puerta se cerró con nosotros acomodándonos como podíamos en nuestras improvisadas posiciones. Pese a todo teníamos la suerte de cara e íbamos a poder abandonar Rusia a tiempo, eludiendo cualquier problema burocrático. Al ratito de estar ya en marcha y haber pagado el billete (1300 rublos, unos 30 euros) el ayudante del conductor me dijo que era mejor que me fuera atrás y me sentara en el pasillo, sobre mi mochila. Yo mitad perplejo mitad resignado a nuestra suerte me fui para la parte trasera sin reclamar nada, no fuera a ser que nuestro amigable conductor nos dejara en la cuneta. Catorce horas de viaje en las que no sé cuantos episodios de “Breaking Bad” me vi, y probar incontables posiciones hasta lograr una en la que permanecer cómodo por algunos minutos fueron mis pasatiempos. Dormir era un lujo que no estaba a mi alcance.

En la frontera nos tuvieron casi tres horas. Cuando llegamos las chicas finlandesas estaban ya allí esperando a que alguien las subiera al coche para cruzar el puesto fronterizo. Confieso que sentí algo de envidia ante su aventura, aunque la nuestra tampoco estaba siendo para menos. Nos evaluaron los pasaportes en innumerables ocasiones. Aparte, el tiempo de demora es directamente proporcional al equipaje transportado por los pasajeros. Algunos llevan hasta cuatro o cinco bultos. El trasiego de mercancías hace que los agentes de aduanas tengan que estar bien atentos a la hora de controlar la entrada y salida de objetos, aunque yo no noté que fueran demasiado estrictos. Una vez completados los rutinarios controles de visados, escaneadas nuestras pertenencias y comprobado que todo estaba en regla en ambos lados, nos subimos de nuevo al bus a ocupar nuestros “privilegiados” lugares. No nos habíamos ni medio instalado cuando de repente un jaleo de voces nos sorprendió. Al otro extremo del autobús una manada de vociferantes personas que portaban un buen puñado de billetes entre sus manos, ávidas de cambiar rublos por tugrik, la moneda mongola.

"Agentes fronterizos de divisas"

“Agentes fronterizos de divisas”

Aquello parecía un mercado persa. En cinco minutos unas siete u ocho personas acosaron al pasaje con sus prominentes tacos de billetes y sus mareantes voces. Ante semejante avalancha que se me vino encima, no quedó más remedio que levantarme de mi mochila, colocar esta como pude a un lado, dejarles paso, pues alguno ya me había pasado por encima, y asistir expectante al cambio de divisas. Lo más absurdo de todo, fue que cinco minutos después paramos en un restaurante de carretera, los intercambiadores se bajaron y allí había otro grupo más esperando, por si aún había alguien que no había hecho el trueque monetario. Algo absurdo fue aquello, preludio de lo que nos iríamos encontrando a lo largo de nuestro viaje por este curioso y legendario país.

Aturdidos por el estrambótico trayecto llegamos a UlaanbataarUna mujer que estaba a mi lado me espeto “Eres un heroe” mientras me ponía en pie y estiraba mi esmirriado cuerpo. Yo la conteste “yo no soy un heroe, mi novia si es una heroina. Yo soy un guerrero” con una sonrisa de satisfacción al sabernos “supervivientes”.

Desorientados, pues no sabíamos en que estación nos habían dejado, ni a que distancia nos encontrábamos del hostel donde íbamos a pernoctar los días siguientes, tuvimos que recurrir a un taxista para que nos orientara. Este, nos ofreció sus servicios por la “módica” cantidad de diez mil tugrik (unos cinco euros) que después de negociar quedó en la mitad. Yo intuía que no estábamos muy lejos del hostel. Tal vez tres o cuatro kilómetros si nuestro mapa de la Lonely Planet y nuestros cálculos no fallaban mucho…

Una vez montados en un lujoso todo terreno último modelo y tras recorrer siendo generosos un kilómetro por el farragoso tráfico de la capital mongola llegamos perplejos a la puerta de nuestro hostel. Mitad indignados mitad felices de poder llegar a destino, aceptamos a regañadientes la estafa y lo apuntamos como lección. Una vez instalados en el Idre´s Guesthouse otro contratiempo nos esperaba. Había overbooking y no teníamos cama. La dueña amablemente nos ofreció dos posibilidades. Ir a otro hotel del que no había buenas referencias o quedarnos, sin pagar en los sofás de la sala de estar.

Vista nocturna de UB desde el Blue  Sky Bar

Vista nocturna de UB desde el Blue
Sky Bar

Reunión con la "Guardia Suiza"

Reunión con la “Guardia Suiza”

Debido a que teníamos una cita con nuestros amigos suizos del UnoJonas, Ivo y Franz decidimos la opción sofá. Soltamos los lastres y nos fuimos a cenar. Tras degustar unos reponedores platos de pasta, emprendimos camino al lugar de nuestra cita con la “guardia suiza”. El Blue Sky Towerun rascacielos que preside la ciudad y que en su planta veintitrés cuenta con un acogedor bar y música en directo, aparte de unas vistas espectaculares de la ciudad.

Ulaanbataar es una ciudad caótica, polvorienta y con una contaminación más que preocupante. Hordas de vehículos atascan sus arterias un día tras otro. Ni siquiera la medida disuasoria de prohibir la circulación de dos terminaciones de matrículas al día (Ejemplo : lunes las terminadas en 1 y 6, martes 2 y 7, miércoles 3 y 8, jueves 4 y 9 y viernes 5 y 0) se nota. El colapso es constante, el transporte público pese a ser bastante regular se ve atrapado dentro de este caos. En las horas punta apenas se mueve. La mejor manera de moverse es a pie, aunque andar respirando tanta toxina no es que sea lo más recomendable para la salud de uno. El 60% de la población de Mongolia se amontona en su capital, saturando poco a poco sus calles. Gentes llegadas de todas partes del país, bien porque buscan un progreso al amparo del auge consumista, o bien por culpa de un invierno infernal que les ha arrebatado todo empujándolos al abismo donde la metrópoli se aparece como tabla de salvación, hacinándose en las afueras de la capital cada vez en más número creando ghetos. Contrariamente a esto, también poco a poco los grandes rascacielos que dominan el “skyline” de la ciudad van llenando sus entrañas de trabajadores al servicio de las compañías en su mayoría energéticas o relacionadas con los minerales, que tienen sus oficinas en ellos. Innumerables Hummer, coches japoneses de última generación, cruzar cualquier calle puede ser un desafío. No se puede, ni se debe confiar en los semáforos, ni en las indicaciones de los agentes de tráfico, pues ni ellos mismo son respetados. Los mongoles conducen sus automóviles como si aún estuvieran haciéndolo sobre sus caballos. Bienvenidos a Mongolia !!!

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El cielo no nos dio tregua, y decidió aparecer gris a la mañana siguiente. Debimos cambiar nuestro plan inicial de recorrer la isla de Olkhon durante tres días a pie y dormir a la intemperie en nuestra hasta entonces inmaculada tienda de campaña. Cuando las cosas vienen así, hay que buscar el lado bueno. Tal vez el destino tenga guardado un puñado de inolvidables experiencias, oculto tras esas trabas que aparecen en nuestros caminos. Como dice el sabio refranero español, ” Al mal tiempo buena cara”. Seguiríamos en nuestra confortable y cálida cabaña de madera, disfrutando de los menus de la cocina del Nikita, y nos divertiríamos en compañía de nuestro grupo de amigos jugando a las cartas y degustando “piba” o lo que es lo mismo, cerveza rusa.

La mañana la pasamos dando un paseo por el pueblo. Era finales de septiembre, la temporada estaba a punto de terminar y no se veía mucho ajetreo por sus calles sin asfaltar. Coloridas casas de madera que tuvieron tiempos mejores, omnipresentes vetustos Lada, alguna vaca amarrada, otorgaban al pueblecito de Khuzhir un aire de decorado de película, que estaba allí puesto solo para nosotros.

Tras reponer fuerzas con un copioso almuerzo, decidimos dar un largo paseo por la playa e intentar llegar al otro extremo de la misma. Comenzamos a andar disfrutando de la tranquilidad del paisaje sus tonos azules grisáceos, de su aire puro, cuando de repente algo nos llamó la atención. Sobre una duna y al calor de una fogata, dos risueñas mujeres y un corpulento hombre ataviado con el genuino gorro ruso de piel y una chaqueta de camuflaje, daban cuenta de algunas viandas que regaban con un licor transparente típico de estos lares. De carácter afable contrariamente a la imagen que tenemos de los rusos, comenzaron a hacernos gestos para acompañarlos. Una de las mujeres sabia alguna palabra en inglés, y mediante gestos y demás nos llegamos a entender. Primero nos ofrecieron tomar un trago de su botella de vodka, lo que rechazamos prudentemente. En su lugar nos propusieron degustar una especie de leche templada con algo que parecían piñones y unos trocitos de pan. No nos quedó más remedio que aceptar esto último, aunque una vez probado, pienso que hubiera sido mucho mejor haber aceptado el trago de la bebida espirituosa. Bromeando, le pregunté si esos piñones de la isla de Olkhon tenían algún poder, si él era un chamán, y que si lo era debía ser uno poderoso para tener dos mujeres.  Yo no era chaman y solo tenía una… Todos nos reíamos, cuando de repente mi mirada se dirigió a otro lugar, un poco más arriba de donde nos encontrábamos. Allí, aparcado, había un precioso “Jeep” ruso verde camuflaje, perteneciente al “Tovarich Chamán”. Cautivado por el automóvil, le pregunte si podíamos hacer unas fotografías, a lo que nuestro camarada, lleno de orgullo accedió gustosamente. Tras tomar varias fotos subidos en el coche nos preguntó hacía donde íbamos, intercambió unas frases con sus dos mujeres, y cuando quisimos darnos cuenta de lo que estaba pasando teníamos a las mujeres subidas en el coche y al piloto arrancando el sonoro motor del “Jeep sovietico” del año 63. Apenas oíamos nada pues el motor hacia un estruendoso ruido, que rugía al efectuar los cambios de marcha. A toda la velocidad a la que daba el antigüo vehículo militar, con momentos en los que pensábamos que el coche se iba a quedar varado, recorrimos la orilla de la playa y llegamos al otro extremo. Dimos las gracias a nuestros inesperados amigos y saltamos del “Jeep” para seguir dando nuestro paseo.

Comenzamos a andar entre unos pinos, aun con la sonrisa dibujada en nuestros rostros por la reciente experiencia, pronto accedimos a un camino que daba acceso a un lugar con varias casetas, lo que parecía un complejo vacacional, aunque por allí no había ni rastro de nadie. Al estar sobre el acantilado  decidimos cruzarlo para no perder detalle de las vistas, pero pronto descubrimos que no fue buena idea. De la nada apareció un perro enfurecido que comenzó a ladrar con frenesí. Nosotros mantuvimos la calma y apenas sin inmutarnos seguimos nuestro camino esperando que el perro se diera por contento con la salida de los intrusos de su territorio. Efectivamente fue así, y el perro desapareció, pero fue solo un espejismo, pues al minuto estaba de vuelta esta vez acompañado por otro, cuya irascible mirada y rabiosas fauces nos hicieron presagiar que estábamos en peligro. No paraban de ladrar, y cada vez se acercaban más. Yo apreté la marcha, esperando no tener que enfrentarnos a ellos, aunque Kolja no paraba de decirme que cogiera una piedra y algo contundente por si acaso. Yo confiaba en que si seguíamos nuestro camino y nos salíamos de su territorio nos dejarían en paz, así que con los ladridos resonando cada vez más fuertes en nuestros tímpanos proseguimos nuestro camino en dirección opuesta a donde estaba el abandonado complejo, que casi ya no se veía. Tras unos interminables cinco minutos, que tal vez fueron tres pero que parecieron cincuenta, los perros se dieron media vuelta, indultándonos. Nosotros sin mirar atrás, y con la sospecha de que tal vez estarían yendo a por más refuerzos, apretamos la marcha y pusimos pies en polvorosa. Desde lo alto del sendero vimos el camino principal por donde pasan los coches y pusimos rumbo a el. Aun cargados de adrenalina cruzamos con cuidado eligiendo a veces caminos más largos con tal de no volver a pasar por “territorio enemigo”. Cuando llegamos de vuelta al Nikita vimos tras el grisáceo cielo amenazador de tormenta, un atisbo de impoluto cielo azul. Tal vez al final tendríamos suerte al día siguiente y tras la tempestad llegaría la calma.

Cena, partida de cartas, concierto del maestro Nikolaij con su repertorio de canciones de todo el mundo acompañadas por el sonido de su acordeón, y para terminar el largo día nos metimos en el Banha. Esta forma de ducha siberiana, consiste básicamente en dos cámaras. En una de ellas hay una sauna de madera donde eliminar todas las toxinas, y en la otra dos barreños uno con agua helada y el otro con agua muy caliente. Tras salir de la sauna, se coge un cazo y se llena a gusto del consumidor, eligiendo las proporciones de agua fría-caliente quemas se adecuen al gusto de uno, antes de tirárselo encima. Te enjabonas y repites operación. Esta es la forma de ducha que tuvimos por allí. Aparentemente muy saludable.

Para conocer la parte norte de la isla y habiendo rehusado a hacerlo por nuestros medios, contratamos la excursión que te ofrecen en el Nikita. Una furgoneta con conductor, que te lleva a los lugares más pintorescos, dejándote tiempo libre para perderte y hacer tus fotografías, comida consistente en una sopa de pescado bastante rica, ensalada y té. Además la última parte del recorrido la haces a pie bordeando los acantilados y bajando hasta un pueblo donde el conductor te espera para llevarte de nuevo al hostal.

Todo ello por 800 rublos, algo menos de 20 € por persona. No es barato, pero tampoco es desorbitado, y al fin y al cabo es a lo que se va a esa isla. Nuestro grupo, con las hermanas finlandesas Ilma e Ilnes, Misha y Ugo, fue completado con una chica coreana, un chico francés y una pareja formada por otro francés y una rusa. Esto nos vino fenomenal pues ella nos traducía lo que el conductor iba contando en cada parada. No hay guía normalmente en estos tours, los conductores hacen de ello, pero no hablan nada de inglés, así que hay que tener suerte y que te pase algo como a nosotros. El día nos había dado tregua y confirmado que el destino se había aliado con nosotros. Un sol espléndido nos acompañó toda la jornada. El gran azul impresionante desde todos sus ángulos nos ofrecía espectaculares vistas. Acantilados, estepas, taiga, nos cruzamos con algún grupo de caballos salvajes y pudimos asomarnos al bello lago Baikal y observarlo en su inmensidad desde los lugares más pintorescos. Una anécdota de este paseo, fue que en un punto de la isla hay dos rocas, y cuenta una leyenda “isleña” que una es para pedir que tu primera criatura sea varón ( la de la izquierda) y la otra para que sea hembra. Allí nos soltaron, y aunque reacios al principio a jugar con el destino por si acaso, nos dirigimos a una de las rocas. El resto del grupo había elegido la otra, excepto Ilma que también se decantó por nuestro lado. El día (si llega) que tengamos un hij@, desvelaré si esta leyenda es cierta…

La excursión nos gustó bastante, aunque nos quedamos con las ganas de haberlo hecho por nuestra cuenta. Más si cabe cuando en un punto del camino nos encontramos a Niilo, un chico (luego supimos que es actor) finlandés, con el que habíamos coincidido en el Nerpa en Irkutsk, y que estaba haciéndolo así. Diferencias al margen (ser de esos lares, y tener un saco que soporta hasta los -20º), nos quedamos con la intriga de saber si lo hubiéramos soportado. La verdad es que cuando uno prueba el confort…

Aún nos quedaban dos días más en la isla, pues estábamos haciendo tiempo para que nuestra visa de Mongolia estuviera lista para recoger. Nos juntamos con Ugo para dar paseos por la playa, dormir la siesta al costado de una barca, y hacer una locura más. Ya que no habíamos hecho la ruta, nos teníamos que quitar la espina de alguna forma. Que mejor que sumergiéndonos en sus heladas aguas. Además, otra leyenda “isleña” dice que si te bañas en sus aguas adquieres cinco años más de vida. La mejor manera de afrontar el desafío era reservar cita en el banha ubicado en la playa. Un par de casetas con sauna, a una temperatura de unos 110º, ponerse el bañador mentalizarse. Hacia un viento frío, que no invitaba para nada a realizar la hazaña. Una vez ataviados con los gorros que te dan para proteger la cabeza de los cambios de temperatura, nos metimos en la caseta. Tras tres minutos en ella, los grados empezaban a hacer sudar nuestros cuerpos. Cuando ya no podíamos más, y estábamos mentalizados, abrimos la puerta y salimos disparados al agua, en una imagen que recuerda a cuando estas en la puerta de una avioneta dispuesto a saltar en paracaídas. El agua, como no podía ser menos, nos recibió gélida, pero entre los nervios, y la temperatura corporal, no fue para tanto. Eso sí, tras un minuto dentro ya comenzabas a sentir sus efectos y sales disparado fuera de ella. Un ratito fuera de la caseta, acurrucados a un lado, protegidos del viento, para que el choque de temperaturas no sea muy brusco, y otra vez dentro a sudar. Esta operación la repetimos cuatro o cinco veces. Lo que dieron la media hora larga que habíamos contratado por 150 rublos (3.5€) cada uno. Una tacita de té no basto para reparar los efectos colaterales pues tardé media hora en volver a sentir mis piernas. No fue muy elevado el coste de tener un crédito de cinco años más de vida…

Por la noche durante la cena, nos encontramos con Pavel, que resultó ser párroco de una de las iglesias más importantes de Irkutsk, y con quien habíamos mantenido una charla por la mañana. Alto, de cabello negro largo recogido en una coleta y con una poblada barba, requisito casi indispensable para los “padres” de la iglesia ortodoxa rusa, confiriéndoles esa imagen “rasputinesca” algo inquietante. En nuestra charla mañanera, le había comentado mi impresión, sobre las misas ortodoxas que habíamos visto hasta hora, y como me habían cautivado sus liturgias. A parte le había comentado que era una lástima el no poder hacer fotografías de ellas, pues no estaba bien visto por los feligreses. Él, que se encontraba de vacaciones con su mujer y dos de sus hijos, nos invitó a asistir a una misa que se iba a celebrar a la mañana siguiente en la pequeña iglesia del pueblo. ¿Sería mi oportunidad para retratar una ceremonia ortodoxa?

La mañana del domingo me desperté temprano, pues la misa comenzaba a las nueve. Había quedado con Ugo en ir juntos, pues a él también le llamaba la atención. Desayunamos y pusimos rumbo a la pequeña iglesia. El cielo azul celeste, el blanco inmaculado edificio sobre una pequeña colina que daba al lago, el escenario era idílico. El interior colorido, como no podía ser menos, era presidido por un retablo en forma de tríptico desde donde el padre daba la homilía. Velas a los pies de los santos y de Jesús, mujeres que portaban un velo para esconder su cabello, el olor a incienso, niños asistiendo respetuosos a la misa, el retrato de la familia del último zar, Nicolas II, en uno de los laterales. Demasiadas sensaciones para un espacio tan limitado. Nos colocamos a la derecha, pegados a un muro, justo detrás de donde estaban leyendo textos un hombre también de barba prominente y una mujer envelada. Pavel se acercó a mí, sonriente y orgulloso de que hubiéramos asistido, me dijo que podía fotografiar lo que quisiera, que tenía la bendición del Padre. Mi cara, hasta entonces aletargada por el sueño y las sensaciones se iluminó. Por fin tenía mi oportunidad de recoger gráficamente algo que me había causado tanta impresión. Cantos, sermones, lecturas, ofrendas, feligreses comulgando. Trate de sacar lo mejor que pude de esta oportunidad, siempre tratando de no invadir la privacidad de la gente o que se sintieran observados.

Una vez terminada la misa, dimos las pertinentes gracias al párroco principal y por supuesto a Pavel que se portó espléndidamente. Antes de despedirnos me dio un papel en el que decía que me autorizaran a subir al campanario de su iglesia en Irkutsk desde donde tenía buenas vistas de las otras iglesias sobre el río. Me dejó sin palabras. Es un auténtico placer encontrarse con gente así por el camino.

Al volver al Nikita una última sorpresa nos estaría aguardando. Nikolaij, el septuagenario músico que amenizaba las noches con su acordeón, nos estaba esperando para mostrarnos algo. Ni más ni menos que una película que guardaba como oro en paño de uno de sus ídolos. El carismático Raphael. Ahí estuvimos viendo con él un buen rato la película, comprobando absortos como se sabía todas las canciones y como le brillaban los ojos de emoción al cantarlas. Lo hacía con el corazón como explicaba, pues no entendía lo que ellas decían. Para que luego “digan lo que digan” sobre el mito viviente…

Al final después de todo, no fue tan malo no hacer la ruta de tres días por el norte de la isla de Olkhon. El destino nos regaló una caja llena de mágicas experiencias en este místico pedacito de tierra en medio de esta inmensidad azul que quedará guardado para siempre en nuestras memorias.

Si queréis acompañarnos en nuestro paseo en un vetusto jeep soviético :

http://www.youtube.com/watch?v=jQBR-YmCBq4

En San Luis Potosí con el cerro Rico a mis espaldas.

La verdad es que eso de irse a una mina no era lo que tenía como concepto de pasarlo bien cuando uno está de viaje, pero era una inquietud que si tenía de siempre. El conocer de primera mano la dureza que tiene esta antiquísima profesión. Tras valorar los riesgos que podría correr y dejarlos a un lado pues la curiosidad era mayor que la prudencia, me inscribí en una agencia que hacia visitas guiadas a las minas. Estaba decidido, a la mañana siguiente me metería en las entrañas del Cerro Rico, que ya impactaba a esas horas viéndolo reinar  sigiloso sobre la ciudad de Potosí.

Nuestro guía mostrándonos la dinamita.

Antes de entrar a la mina, con una de las ofrendas para “El Tio”. Una bolsa de hojas de coca.

Mineros empujando un vagón cargado de minerales recién extraídos.

Agotadoras jornadas repletas de grandes esfuerzos físicos sufridas por los mineros.

 

 

 

 

 

 

 

Tras proporcionarnos todo el equipamiento necesario para la visita, mono, casco, lámpara, botas, nos encaminamos a un pequeño comercio donde pudimos hacer las compras antes de ir a la mina. Esto debe ser un ritual. En el pequeño establecimiento “nos recomendaron” llevar ofrendas y regalos tanto para el santo protector de la mina, “El Tío”,  un personaje fálico-demoníaco,así como para los propios mineros. Estas ofrendas iban desde bebidas gaseosas, cigarrillos y alguna cosa de comer, hasta alcohol etílico, que beben los mineros, y hojas de coca, que ayudan a combatir el mal de altura, el hambre y la sed, y que los trabajadores mascan en cantidades ingentes.

Posando junto al "Tio" tras la ofrenda. Todo un ritual...

Posando junto al “Tio” tras la ofrenda. Todo un ritual…

Además, cabía la posibilidad de adquirir dinamita, para que nos hicieran una demostración de cómo sonaban las detonaciones en su interior. Por supuesto que adquirimos de todo un poco, no se fuera a enfadar “El Tío” y nos dirigimos al cerro.  En la época colonial era una de las principales vetas de plata mundiales, en la actualidad  se dedican a la extracción de estaño, y plata, aunque de esta última se obtienen más desechos de esta última, o minerales de baja ley.

Dos de los “mas que jóvenes” mineros en acción.

Al llegar allí, pudimos empezar a comprobar que eso no era un juego. Allí estaban trabajando jóvenes mineros, algunos probablemente menores de 15 años, miradas perdidas, y mandíbulas abultadas por bolas de hoja de coca que mastican de manera contante. Compartirla también es un hecho arraigado en la sociedad y sinónimo de amistad y generosidad.

La causa por la que hay “niños” trabajando en la mina es simple, primero, hay que llevar sueldos a casa y estudiando no los generan, en la mina sí. Y hay familias con muy pocos recursos. Segundo, la mina, es la principal industria de la zona, y la que más puestos de trabajo da a la población de Potosí y alrededores. Muchos de los mineros, lo son por generaciones, pasando de padres a hijos el oficio.

Tras 3 horas dentro de una mina salir al exterior, ver luz natural y poder respirar aire puro se convierte en una bella sensación. Las condiciones allá abajo son muy duras. Humedad, polvo, gases, peligro de desprendimientos, todo un mundo de contras a los que se aferran estas personas para seguir subsistiendo y tener un futuro mejor. La verdad es que entristece el ver algunas cosas a veces, pero también es bueno para uno tener una perspectiva global a la realidad. El mundo desde tiempos inmemoriales ha estado muy mal repartido.

Espero que con estas fotos os haya acercado más a un lugar algo alejado del resto del mundo.

Entrada a la mina.

Con dos de los “mascadores” mineros.

Colaborando en la jornada junto con otros “voluntarios”.

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El pasado domingo 26 de mayo, tuve la oportunidad por primera vez de exponer mis fotos al público. Cierto es que “jugaba en casa”, pues la organizadora del evento fue mi suegra, Reina van Zwoll, artista ella y que cuenta en las entrañas de su casa con una galería donde expone sus obras.

Con motivo de la re-apertura de la misma, me preguntó si me animaría a exponer fotos de algún viaje de esos tantos que he realizado junto a su hija Kolja, mi media naranja. Al principio me pareció una idea un tanto atrevida pero motivadora. Someterme a la critica de la gente no me importaba, al fin y al cabo todos estamos a ella expuestos en nuestro día a día, por nuestra forma de vestir, de peinarnos, de relacionarnos con el entorno sea laboral, social u ociosamente…

Total que acepte. Me puse a valorar las opciones de algo que llamara la atención y me decidí por las fotografías que tomé en Bolivia hace ya algunos años. No eran las de mejor técnica, ni las tomadas con la mejor cámara que he tenido, pero me parecieron llamativas tanto  temática como estéticamente. Como estaba por España durante el mes de mayo, aproveché para contar con la inestimable colaboración de mi amigo Marcos Serrano, un mago de la fotografía y de la edición, que me ayudó durante el proceso de selección, y mejoró un poquito las mismas con ayuda del programa Lightroom. No recurrimos a demasiados artilugios pues a mi no me gusta retocar mucho las fotos, tan solo un poquito la luminosidad, algún recorte y poco mas.

“Sweet-Sour Bolivia” (“Bolivia Agridulce”)  llamé a la exposición. Fotografías de la fiesta “Pujllay” en Tarabuco, un pueblo cerca de Sucre, imágenes de un mercadillo de La Paz, capital del país, algunas escenas recogidas por sus calles, y las minas de Potosí, con sus imberbes y precoces trabajadores, mascadores empedernidos de hoja de coca fueron las elegidas para tomar parte en esta experiencia. El resultado fue satisfactorio. Todo el mundo me felicitó. A los asistentes al evento les parecieron muy buenas fotos y quedaron fascinados con las historias que las acompañaban. Esto me ha llevado a pensar en compartirlas también con vosotros. Voy a ir recuperando algunas fotografías que tomé durante mi viaje a Sudamérica en el año 2009, y las voy a publicar por aquí acompañadas de anécdotas. Será bonito bucear por los recuerdos de esas maravillosas tierras, de tan diversas gentes y culturas, tan similares y tan distintas a la vez que las nuestras. Ademas así dotaré de mas contenido el blog,  de cara a convertirlo en lo que aspiro, una guía de viajes para que cada vez que no se os ocurra un destino, o viajéis a algún lugar a los que hago referencia. Tal vez os sirvan como inspiración mis experiencias.

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Aquí os dejo unas fotos que documentan lo bien que lo pasamos. Fue un día muy divertido el que pasó uno debutando en el mundo del “artisteo”.

La polifacetica artista María Heidelman divirtiendo a los asistentes con su performance.

Siempre es bueno contar con el apoyo de los amigos. Miguel y Raquel siempre están ahí para lo que haga falta. Gracias.

Algunas de las fotografías de la exposición.

 

 

 

 

 

 

 

 

Flyers de la artista Reina van Zwoll, y su galería On the edge, and Neuewe Meer, Amsterdam.

 

Este es el enlace para los que queráis saber lo artista que es mi suegra 🙂

www.reinavanzwoll.nl

 

Al vivir en pleno centro de Amsterdam, nuestro día comenzó al ser despertados por una orquesta que desfilaba por los aledaños de nuestra casa. Su estruendo nos hizo saltar como un resorte de la cama, pues al escuchar la marcha sabíamos que jornada se avecinaba.  No nos importunó el despertarnos así. Como todo el país estaría haciendo a esas horas, pusimos el televisor para seguir la ceremonia de abdicación mientras desayunábamos de forma copiosa pues el día sería largo.

Estaba teniendo lugar el último Queensday o día de la Reina, pues a partir del próximo año se denominará Kingsday (día del Rey), tras la abdicación de la reina Beatrix en favor de su hijo Willem-Alexander. Debido a tal magna circunstancia se palpaba en el ambiente que esta vez se celebraba algo mas que la mera fiesta que tiene lugar desde el 31 de agosto de 1885, cuando se celebró el por aquel entonces Princess day (día de la Princesa) y que conmemoraba el cumpleaños de la princesa Willeminha, abuela de la hasta ahora reina Beatrix. Cuando la princesa se coronó reina, se pasó a la actual denominación Queensday en honor a todas y cada una de las monarcas reinantes hasta ahora.

En 1948, al subir la Reina Juliana al trono de Holanda, se trasladó la fecha al día de su efeméride, el 30 de abril, y que se ha mantenido también durante los 33 años de reinado de Beatrix bien como tributo a su madre (versión oficial), bien por que las probabilidades de que haya una climatología mas benigna durante tal fecha eran mayores que de haberse celebrado durante la que le correspondería en realidad, 31 de enero, que es la fecha de nacimiento de Beatrix (versión popular). A partir del año próximo se celebrará en día 27 de abril, fecha de nacimiento del Rey Willem-Alexander, aunque al caer en domingo la festividad se adelantará al sábado (26), como se hace cuando esto ocurre.  Volverá entonces a teñirse todo de naranja y se celebrará el primer Kingsday en la historia de Holanda. Tras esta breve clase de historia vamos a contar algo bastante mas divertido…

Tras llenar bien el estómago, y aprovisionarnos de una caja de cervezas heladas, salimos a la calle a disfrutar de la algarabía popular. Lo primero que nos encontramos fue el trafico de barcas que navegaban ya por el Prinsengracht, el canal mas exterior de los cuatro que circundan el centro histórico de la ciudad, y que linda con nuestra casa. El interminable desfile de embarcaciones que tiene lugar por los todos los canales alrededor del centro de Amsterdam es una cosa que recomendaría vivir en primera persona. Si no lo has hecho aun…ponlo en tu lista de cosas por hacer.

La gente va ataviada en su mayoría con prendas naranja, color patrio por excelencia. Ademas muchos de ellos van disfrazados de las formas mas extravagantes posibles, pelucas, gafas psicodélicas, travestísmos imposibles, todo vale para tal desfile tan pintoresco. Cada embarcación lleva ademas un buen aprovisionamiento de bebida para que la fiesta no decaiga, a parte de contar la mayoría de ellos con  potentes equipos de sonido, para inundar de decibelios las a diario tranquilas aguas de la ciudad, y transformarlas en flotantes pistas de baile. El deleite para transeúntes es embaucador y muchos paran, bailan a su son ofreciéndoles sonrisas, brindis o algún gesto de complicidad  y siempre con una sonrisa de alegría.

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Al llegar a la plaza Amstelveld disfrutamos de otra de las tradiciones de este día, y que sobretodo tiene como protagonistas a los ciudadanos mas pequeños, son las actividades mercantiles que los niños están autorizados a desempeñar durante tal evento. Previamente habrán reservado un lugar en la calle, poniendo cinta adhesiva, o bien pintando con tiza sobre el suelo la palabra “BEZET” (Ocupado) y su nombre, reservándose ese espacio para el día que muchos holandeses tienen como el mas esperado del año.

Venta de limonada, muffins de chocolate, tartas de manzana, fresas con chocolate o cualquier tipo de repostería casera, hechos por ellos mismos, son ofrecidas por doquier. Aparte de esto, también montan atracciones, tales como las de lanzar bolas a una torre de latas con la cara de la Reina Beatrix en ellas, otras mas elaboradas como las de tratar de machacar un huevo o una salchicha, lanzado desde arriba a través de unas tuberías, con un martillo, que espera ejecutor a la salida de tales inocentes víctimas en manos de grandes y pequeños. Sentarse en un sofá y ser tratado como un Rey con servicio a tu disposición durante cinco minutos, tirar penalties, tocar algún instrumento, dar algún concierto, exhibir sus últimas coreografías todo vale en este día para sacar algún dinerillo y pasarlo fenomenal.

Otra actividad muy común tal día es sacar a la calle todos los objetos que ya no se usan en la casa, muchos juguetes, libros, juegos de ordenador, consola, balones, ropa etc. y ponerlos a la venta por precios simbólicos que van desde unos céntimos, hasta 5 €, estando la mayoría de las cosas a €. Fiel a mi tradición de colaborar a la causa,me compre un muñequito de Goofy que me acompañó toda la jornada por 25 céntimos, lo metí en el bolsillo de mi cazadora y me lo lleve a disfrutar. En un país de comerciantes, estas actividades no podrían faltar y mejor aprenderlas desde pequeñitos…

Vondelpark, que es el parque mas grande de la ciudad fue la siguiente parada. Este día se transforma en una especie de mega parque de atracciones, con un montón de niños desarrollando infinidad de actividades en los margenes de los caminos que son recorridos por mareas de gente, que se van parando a cada instante curioseando lo que en cada esquina va aconteciendo. Conciertos, partidos de ping-pong, venta de viejos juguetes, libros, pintar cuadros o adquirirlos, pancakes, e infinidad de juegos se apoderan del parque dotándolo de un aire lúdico que se palpa en cada rincón del mismo.

Tras pasear por estos lugares y ya que tenia ir a trabajar por la tarde, decidimos que ya era hora de comprobar como estaba la otra diversión, la de los mayores. Pusimos rumbo al barrio del Jordaan, andando siempre por los canales donde pudimos comprobar que la fiesta no estaba decayendo ni mucho menos. Seguía el desfile de barcos atestados de gente  haciendo sonar cada vez mas fuertes sus equipos de sonido. La mochila iba pesando menos, pues íbamos vaciando la caja de cervecitas heladas sin prisa…pero sin pausa. Hacer acopio de alguna lata mas no sería problema pues en todos los sitios te ofrecían cervezas y cosas para comer. Parecía que andábamos por un festival de música, cada calle que tenia un escenario con su Dj, su banda y su propia fiesta montada. Tocaba bailar un rato y bien que lo hicimos. Rock, house, techno, lo que pusieran por donde pasáramos, mimetizándonos en el ambiente. Para reponer fuerzas unas bitterballen, que son como unas croquetas en forma de bola como su nombre indica, rellenas de ragout de ternera, rookworst, que son salchichas grandes y gruesas, (no se aceptan bromas de malpensados),broodjes (bocadillos) de Boerenham con mostaza, que es una especie de jamón de york a la plancha, pinchos morunos, chorizos que son asados en grandes planchas, la oferta callejera es bastante grande y ayuda a continuar con la celebración.

Para mi este barrio es donde mejor te lo puedes pasar, el ambiente es bastante mas sano que en otros sitios de la ciudad, como Museumplein (la plaza de los museos)  o Rembrandtplein, donde  se apiñan las gentes para seguir los conciertos que en ellos tienen lugar, la cerveza esta caliente y no se disfruta igual, y que conste que esto es un dato objetivo y no una cuestión de edad.

El reloj se acercaba a la hora que me marcaba el fin de fiesta. Tenia que ir a trabajar, y debía recorrer media zona centro, pues mi lugar de trabajo esta al lado Rembrandtplein y yo andaba danzando en el Jordaan, un  recorrido que a pie en un día normal puede ser de 15 minutos se convertiría en casi media hora, pues atravesar todas las “pistas de baile” diseminadas por las calles no fue tarea fácil. Llegué al trabajo, como llegué, y ataviado con mi camiseta naranja me puse a la faena, la fiesta de fuera había terminado para mi, pero la de dentro debía continuar y para que no decayéramos mis compañeros y yo tuvimos a bien el ir “animándonos” a base de alguna cervecita y algún chupito que otro. Ese día “casi” todo esta permitido, se trata de disfrutar a tope y os aseguro que lo hicimos.

Por cierto, para los que puedan dudar de mi, Goofy llegó sano y salvo conmigo  y mientras volvíamos a casa esquivando infinidad de objetos esparcidos por el suelo, rastros del gran festejo que  había acontecido y que ya estaba dando sus estertores, me confesó que se lo había pasado mejor celebrando el último Queensday  que en el maravilloso mundo de Disney, y prometió volver el año próximo para disfrutar del primer Kingsday. Que sea el primero de muchos..

Para zambulliros en el espíritu naranja haced click aquí 🙂

http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/sets/72157640932416394/

El pasado sábado día 13 de abril, se abrieron de nuevo las puertas del Rijksmuseun de Amsterdam.

Para la inauguración desplegaron una gran alfombra naranja, color distintivo de la casa Real Holandesa, así como contaron con la participación de numerosas atracciones alrededor de Museumplein, organillos, caricaturistas, una gran carroza antigua de la conocida marca de cerveza Heineken, y gran numero de bandas de música  llegadas para tal magna ocasión de todos los rincones del país, y tan dispares como la del servicio postal, alguna perteneciente al ejercito, la Guardia Real o una procedente de las Antillas neerlandesas,  de Aruba, con aires mas tropicales, y cuyos sonidos fueron sin duda, los que mas amenizaron aquella mañana fría.

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No obstante el plato fuerte era la presencia de la Reina Beatrix, en una de sus últimas apariciones públicas antes de abdicar en favor de su hijo Willem Alexander, el próximo día 30 de abril. La Reina, acudió a la cita, acompañada por el maestro de ceremonias, hasta el centro de la alfombra naranja, desde las puertas del renovado museo.

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Allí esperaba una especie de cofre con una cerradura. El maestro insertó la llave dentro y la Reina solo tuvo que girarla para accionar un mecanismo que activaba una serie de explosivos pirotécnicos, bastante acordes con la situación económica global por la que atravesamos…mientras sonaba una de las bandas de fondo. Ni un pequeño discurso, unas palabras hacia una audiencia que quiere a su Reina, y que había permanecido impávida ente el frío invernal que parece reacio a abandonar esta bella ciudad. Eso me pareció bastante triste, y la mayor emoción llego de la mano de unos austeros fuegos artificiales. De la parte central aparecieron tres columnas de humo roja, blanca y azul, tratando de formar la bandera holandesa, y digo tratando, pues por caprichos meteorológicos la columna roja se fue hacia la izquierda, la azul hacia la derecha, y luego para abajo, junto con la blanca, no quedando bien configurada la enseña.
Posteriormente aparecieron en el aire diversas columnas naranjas que al explosionar hicieron que la sorpresa se apoderara de la multitud.
Fue el colofón a una ceremonia descafeinada que puso fin a algo mas de 10 años de tareas de rehabilitación.

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El próximo gran evento será la subida al trono de los hasta ahora Príncipes Willlem Alexander y Máxima, veremos como se da. Espero que sin duda vuelvan a contar con la orquesta de ritmos caribeños procedentes de Aruba, sinónimo de que al menos habrá algo de calor en la ceremonia, y deleiten de nuevo al público con su estruendoso pasacalles.

Aquí podéis ver el vídeo del momento de la inauguración:

Para ver mas fotos: http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/

Hello World !!!

Publicado: noviembre 10, 2012 en Uncategorized

This are the first words that I will send to the world through here…make me feel like sending a message in a bottle from one isolate island. Let´s see where it reach…

Im a foodie and an adventurer traveller, who is trying to find his way on this unexpected days. My intention is share with all my followers my travels, posting pictures and recommending places to visit, stay or eat. Im working normally in restaurants, so, I also consider myself as a foodie (that fashionable term that people using now to describe people who love to eat) and is an important fact of my trips. Explore the world capturing beautiful images and unbelievable tastes which I ll post here for all of you.

Maybe one day you ll go to that places where I had been, and you can try it too 😉