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Decidimos dedicarnos a la parte cultural y fuimos a la zona de la fortaleza de Pedro y Pablo, a donde llegamos previo paseo por la ribera del Neva. Anclado por la zona se encuentra el barco Aurora famoso por disparar el cañonazo que dio inicio a la Revolución Rusa, según cuenta la leyenda. La fortaleza edificada en 1703 para dar protección a la ciudad ante eventuales ataques por parte de los suecos, tiene en su interior enterrados a casi todos los zares, y en tiempos de la Revolución fue cárcel donde estuvieron “hospedados” entre otros Tsarevich Alexei Petrovich, Leon Trotsky y Josip Broz Tito.

Lo que mas nos impresionó fue la larga aguja que corona la catedral. Estirada, apuntando al cielo, parece que casi lo llega a alcanzar. Las fachadas en tonos  crema y ocre, y sus cúpulas doradas le otorgan un aspecto majestuoso a la antigua ciudadela. Como el día acompañaba decidimos recorrer solo los exteriores y no meternos en ningún museo, pues teníamos otros destinos señalados en nuestra ociosa agenda.

Al salir del recinto amurallado, observamos un montón de gente disfrutar del maravilloso día y darse unos buenos baños solares, incluso vimos algún intrépido zambullirse en las gélidas aguas del Neva. Aprovechando la ocasión y por que nunca se sabe cuando uno va a poder volver a tostarse el cuerpo al amparo del sol, decidimos mimetizarnos entre la muchedumbre y sentir como si fuéramos de allí. Aprovechando que había una hamburguesería cercana, compramos unos tentempié e hicimos un break en una playíta a los pies del recinto fortificado. Cargamos las pilas un poco y en cuanto se aproximaron unas grandes nubes que taparon el astro rey decidimos dar por concluido nuestro asueto, y dirigirnos al Museo de Historia Política.

Una vez allí pudimos hacer un rápido e intenso recorrido por la historia mas reciente de Rusia, desde los últimos coletazos del periodo imperial, pasando por la Revolución, la II Guerra Mundial, la posguerra y el Stalinismo, el periodo comunista, la guerra fría, el telón de acero, la perestroika y su aperturismo reciente. Grandes carteles de propaganda comunista, banderas revolucionarias, infinidad de fotos históricas, documentos, cuadros, y explicado en ingles buena parte del recorrido. Muy recomendable para tener una visión global de todos los acontecimientos desarrollados en territorio ruso en los últimos 120 años. En este lugar de Marzo a Junio de 1917 se encontraban los Comité Central y el de Petrogrado del Partido Ruso Socialista Democrático de los Obreros (RSDRP) y la organización militar de los bolcheviques.

Dentro unos de los sitios que mas impresiona, es el despacho de Lenin, donde se respira un aire inquietante. Muchas de las decisiones durante la Revolución rusa se tomaron desde allí , y desde su balcón emitía sus enfervorizados discursos que alentaban a las masas y que aun resuenan por sus opulentas calles.

Dentro del museo, nos ocurrió algo bonito. Un señor nos llamó y nos dijo que nos acercáramos aun momento a donde él se encontraba, frente a una recreación de una cocina del periodo soviético. El hombre, casi con lagrimas en los ojos, veía su juventud, sus recuerdos, su familia y las otras dos con las que compartían piso, allí sentados, pelando patatas, conversaciones infinitas, ropas tendidas para que se secaran. Tiempos duros pero bonitas memorias de la infancia, que fue emotivo compartir, y que demuestra que incluso los “fríos” rusos tienen sentimientos también …

Al salir del museo nos encontramos de nuevo con el señor, y le volvimos a dar las gracias por compartir semejante momento con nosotros. Se aproximaba el atardecer y me había comprometido con mis hospedadores de Couch Surfing en hacer una tortilla de patatas, para celebrar el cumpleaños de Evgeny y nuestra última noche en su casa. Siempre que puedo me gusta hacer probar mis dotes culinarias a la gente que nos cobija. Como era de prever la tortilla se la devoraron y ademas la acompañamos del último paquete de jamón serrano que nos habíamos traído. ¿Cuanto tiempo pasará para volver a degustar otra loncha del ilustre embutido?

IMG_4263La última jornada había que optimizarla. Nos quedaban muchas cosas por ver aún. Lo primero fue pasear por el castillo Mikhailovsky y su parque colindante. De allí a lo que era uno de los dos puntos fuertes de la jornada, la Catedral de la Sangre Derramada, donde llegamos caminando por el ambientado canal de Griboyédoba . La Catedral fue erigida en el mismo lugar donde atentaron contra la vida del zar Alejandro II y edificada con fondos de la familia imperial así como infinidad de donaciones privadas. Su interior nos dejó atónitos. Yo, personalmente no he visto tanta belleza en ningún interior de los innumerables templos religiosos que he visitado hasta la fecha. No recuerdo si quiera que el Vaticano me impresionara tanto…

Todas las paredes están decoradas con infinitos mosaicos, que hacen referencias al Cristo Pantocrator, las Sagradas Escrituras, mártires, apóstoles, y por supuesto iconografía local. Como curiosidad contaros que durante el periodo comunista fue usada como almacén, y numerosas de sus obras fueron expoliadas. Las tareas de reconstrucción he de decir que han sido bastante exitosas y para que lo comprobéis vosotros mismos os dejo unas imágenes de su interior.

Como cada primer jueves de mes, la entrada al Hermitage es gratuita, y allí nos dirigimos aunque antes paramos en un restaurante italiano de la cadena Mama Roma pues andábamos bastante hambrientos, y no es bueno hacer una visita a un Museo con el estómago vacío, pues no te deja concentrarte y ver las obras de arte con la calma que uno las debe contemplar. Unos platos de pasta, acompañado por un excelente servicio he de reconocer, y pusimos rumbo a la plaza, de nuevo desembocando por el arco de triunfo. No teníamos demasiado tiempo pues entramos sobre las 16.00h y el museo cerraba a las 18.00h, así que decidimos concentrarnos exclusivamente en el área que forma parte del antiguo palacio de invierno, y observarlo como tal, es decir, fijarnos mas en el continente que en el contenido.

Sus grandes salones, la decoración, luminosidad y suntuosidad de alguna de sus salas hacen que unos se pueda retrotraer a los tiempos en los que se albergaban fiestas, vals, reuniones etc, y usando el poder de la imaginación, con la ayuda de algún cuadro e imaginar aquellos tiempos en el que las altas esferas de la sociedad rusa se daban cita ante tales eventos. Multitud de salas, decoradas con los mayores lujos y gustos de la época, aderezados por una de las colecciones de arte mas importantes del mundo, es parada obligada en esta ciudad.

Ya sabes que si estas en ella el primer jueves de cada mes, no tendrás que pagar entrada. Yo tuve que pagar los 200 rublos que te exigen para poder hacer fotos. A cambio me dieron una pegatina con un “smily” queme pegue en la camiseta. Al poco se me despegó, y ningún vigilante de los cientos que hay repartidos por el museo me pidió el recibo a la hora de hacer fotos, así que entiendo que se podría prescindir de ella, aunque dado que no habíamos pagado entrada, tampoco iba a correr riesgos innecesarios, y menos con los rusos…

A las 18.00 empiezan a hacerte un “mobbing” y te van expulsando de las salas, a grito limpio. En una de las salas me agaché para tomar una última foto, y al levantarme tenia como diez personas detrás. Con una sonrisa a medias me miraron, les devolví la sonrisa y metí la directa para abandonar el museo. Con paso ligero salimos mientras se seguían escuchando detrás nuestro gritos de invitación a dejar el recinto. Una vez en el jardín pensábamos que nos encontrábamos a salvo, así que nos sentamos. Tomábamos unas fotos, cuando de repente unos bramidos surgieron de las puertas del museo, y tuvimos que buscar otro lugar de descanso. Nos sentamos un rato en el suelo de la plaza, a contemplar la fachada palaciega, patinadores haciendo frivolidades, turistas sacándose fotos y pintores de caricaturas se dispersaban a nuestro alrededor.

Comenzamos la ronda de despedidas, fuimos a la estatua ecuestre de Pedro el Grande, pasamos por la Catedral de Nuestra Señora de Kazan, y de allí a nuestro lugar favorito, a ver el atardecer sobre el canal con la Catedral de la Sangre Derramada de fondo. No mal lugar para rendir pleitesía a esta ciudad que ha visto desarrollarse tantas cosas en su breve pero intensa historia.

El periplo urbano tocaba a su fin, volvíamos a Moscú y de allí a la aventura férrea. El transiberiano aguardaba en unos días, y teníamos ganas de dejar atrás el occidente, y comenzar a insertarnos poco a poco en el lejano y exótico este del planeta.

Para daros una vuelta por el Museo de Historia Política:

http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/sets/72157641215906875/

Para ver el Hermitage a través de mi objetivo:

http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/sets/72157641365104114/

Nuestra llegada a la estación fue con más antelación que de costumbre. No queríamos correr ningún riesgo. Era el primer tren nocturno que cogíamos, así que era mejor ir relajados. Pero pronto empezaron a asaltarnos las dudas. Nuestro tren no estaba anunciado en el panel de salidas. Leímos en el billete el código de la estación y vimos que no se correspondía con la de donde estábamos. ¿ Nos habríamos equivocado y tendríamos que ir a otra estación a toda prisa a la una de la madrugada ? El tren salía a las 2.10 a.m. Aún nos sobraba tiempo, pero mejor confirmar que no habíamos errado. Cada uno fue a un sitio a preguntar, Kolja a un policía y yo en una taquilla. El agente, bastante amable pero sin saber una palabra de inglés le dijo a Kolja que él creía que sí, pero para asegurarse preguntó a una mujer que pasaba por allí. Ella hablaba un poquito de inglés y dijo que tampoco estaba segura, pues tenía el mismo billete que nosotros. Mientras tanto a mí la taquillera me había dicho que si (con la cabeza), que estábamos en la estación correcta, pero que teníamos que ir a los andenes de detrás (con gestos). Llegué a la altura del policía y las dos señoritas y las dije que me habían confirmado que estábamos bien. Me presenté a la otra mujer, y resultó que al decirla que era español, ella me contestó en un correcto castellano, ” ¿Sí? Que bien, yo vivo en Tenerife”.

Con la suerte de cara, empezábamos el viaje a San Petersburgo. Conversamos en el andén con ella hasta que llegó el tren. Nos despedimos y cada uno fuimos a nuestro vagón. Elegimos viajar en platzkart, pues es tanto lo más económico como lo más auténtico. Los compartimentos en platzkart son abiertos y tienen 54 camas por vagón, distribuidas de seis en seis. Dos pares de literas van perpendiculares al tren y la otra litera paralela, haciendo cubículos de seis camas en seis. Llegamos a la altura de las que nos habían correspondido y comenzamos a figurar como ubicar las mochilas y preparar las camas, pues teníamos las dos en la parte de arriba. De repente alguien comenzó a gritar algo en ruso, miré detrás y vi a un señor que parecía algo enojado ante nuestra lentitud a la hora de instalarnos. No le di la más ligera importancia, pues, por suerte no entendí lo que dijo, pero comenzamos a darnos algo más de prisa, para no enojarlo. Mochilas arriba, colchón desenrollado, y saco de dormir desplegado, salto y a tumbarse. Cruzamos la vista con una chica de cuyos rasgos denotaban que era de allí. Nos sonrió y comenzamos a conversar. Se llamaba Sasha y había vivido en Buenos Aires e incluso en Ibiza, y hablaba un buenísimo castellano.Era profesora de una modalidad de yoga, y se ganaba la vida de un lado a otro impartiendo clases. Otra nómada.

Uno a veces se enorgullece de pensar que con inglés y castellano uno puede ponerse el mundo por montera. Tras contarnos nuestras vidas rápidamente, decidimos que era hora de dormir. No queríamos seguir molestando a nuestro “adorable” vecino…

Al abrir los ojos lo primero que sentí fue la claridad de la luz que entraba por la ventana, y lo segundo, un ligero olor a alcohol y un ligero ronquido que provenían de la cama de debajo. Miré y me encontré con el señor gruñón, que aún estaba durmiendo. Entendí el enojo de la noche anterior y achaqué su impaciencia a los influjos del alcohol. Yo en su lugar hubiera tratado de ayudar a los inocentes turistas, pero en fin, hay gente de todas clases en todos los lugares. Lo bueno de todo es que estábamos llegando a San Petersbugo, habíamos ahorrado el pernoctar en hostal y habíamos tenido una buena experiencia viajando de noche, pese al intento de nuestro “vecino” por amargarlo. Nos despedimos de Sasha, que nos dió su número por si teníamos algún problema, y pusimos rumbo al centro de la ciudad.

IMG_3421El problema ahora era que hasta por la tarde no podíamos ir a casa de Karina y Evgeny, quienes nos iban a alojar durante nuestra estancia en la ciudad imperial. Íbamos a estrenar Couch Surfing en Rusia. Tal vez la mejor manera de conocer gente autóctona y poder conocer sus inquietudes y ver el país de manera algo más real. Salimos de la estación y comenzamos a andar. Nos dirigimos al centro, cruzamos sus transitadas calles, notando ya una sustancial diferencia con la otra gran urbe rusa. Aquí las calles parecían mas ordenadas, amplias, tenían otro aire. Buscando un lugar tranquilo, llegamos a la ribera del rio Neva. Nos sentamos en un privilegiado lugar frente a la estatua ecuestre del zar Pedro I el Grande, principal impulsor del esplendor de esta ciudad, a un lado, y el Hermitage, al otro. El termo conservó aun bien caliente el té que nos habíamos preparado en el samobar del tren. Lo acompañamos con unas galletas y algo de fruta que nos habían sobrado de nuestro viaje, y comenzamos a planificar. Teníamos cuatro días y no queríamos perdernos nada. Diseccionamos la ciudad en tres, para recorrer una parte por jornada. Habría que ver si cumpliríamos con el plan trazado…

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Paseamos por los alrededores pero sin extendernos mucho pues llevábamos el equipaje. Cuando llegó la hora, nos sumergimos en las entrañas de la ciudad para tomar el metro que nos llevaría al que seria nuestro lugar de descanso durante los siguientes ajetreados días. El metro, bastante mas sobrio que el de Moscú, nos llevó hasta el barrio de Kupchino. Allí nos encontramos con Karina, quien muy amablemente nos acogió, y empezamos una larga charla amenizada por té y dulces.

La tarde se fue apagando metidos en conversación y decidimos que el primer día nos lo tomaríamos con calma. Cenamos con nuestra familia de acogida, continuamos nuestras charlas sobre viajes, experiencias, anécdotas etc. Una de las reglas / pautas de educación es la de no hablar nunca de política o religión, al menos con desconocidos. Pues en este viaje creo que me la estoy saltando. Estar en este país, uno de los temas que más me inquietan, es la opinión respecto a la política, anterior y presente, y trato siempre de sacarla a colación. En esta ocasión no tuve suerte, pues nuestros “cicerones” no estaban muy interesados en ese tema. Habría perdido una oportunidad, pero confiaba en que llegarían otras a lo largo del camino.

Amaneció y salimos rápidamente dirección al centro. El metro nos dejó en la estación Ploshad Vosstaniya y decidimos caminar por la avenida principal, Nevsky Prospekt. Lugar de exhibición y de encuentro para los transeúntes en otros tiempos quizá no tan lejanos, es la arteria principal de la ciudad. Tiendas de ropa, restaurantes, delicatessen, iglesias, puentes, parques. Es en si el fiel reflejo de lo que esta ciudad quiso representar en el pasado y trata de recuperar en el presente. Probablemente sea la ciudad más europea de Rusia, y gran parte de culpa la tiene el Zar Pedro I, quien tuvo la visión de hacer girar a la campesina Rusia hacia la avanzada Europa, asesorado e influenciado por suizos, holandeses y alemanes, que formaban parte de sus amistades y a quienes había conocido viajando por estos países, aglutinando información y conocimientos que trató de desarrollar y utilizar en esta ciudad que hoy lleva su nombre de nuevo, tras haber sido durante los años del comunismo Leningrado.

Entramos en la tienda de delicatessen donde la melodía de un piano sin pianista te recibe. Dentro caviar, ostras, diferentes clases de pescado ahumado, dulces, chocolates e incluso nuestro jamón, esperan de forma tentadora a que te los lleves. Tal vez lo único que te detiene de hacer una compulsiva compra, es su desorbitado precio. La Catedral de Kazan, o la Iglesia de Santa Catalina, se encuentran en esta calle, al igual que la antigua tienda de las máquinas de coser Singer, que ahora alberga un bonito café.

Frente a esta última iglesia se aglutinan diversos vendedores de cuadros, que le dan a la calle un aspecto tal vez parisino. La iglesia de Nuestra señora de Kazan, tiene reminiscencias de la Plaza de San Pedro romana, salvando las distancias. Aquí la gente o la ama o la odia, en lo que a la belleza del estilo arquitectónico se refiere. La estatua de Catalina la Grande envuelta por sus “amantes” en la plaza de Ostrovskogo, dentro de un parque rodeado por ilustres edificios como el Teatro Pushkin o la Biblioteca Nacional se encuentran también por los alrededores de esta imprescindible calle.

Un poquito más abajo, a la derecha, hay un canal, donde diversos músicos se dispersan para amenizar el paseo de los viandantes, a la vez que sacan unos rublos. Al fondo se divisa uno de los edificios más bellos de la ciudad, y de enorme significado.  La Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada, edificada sobre el lugar en el que fue asesinado el zar Alejandro II, y construida con las donaciones de gente anónima y de la familia real. Guarda un curioso parecido a la Catedral de San Basilio en Moscú, aunque tal vez sea menos famosa. Por supuesto también cuenta con su anécdota milagrosa, ya que durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba cayo en una de sus cúpulas no estallando, y permaneció allí durante casi veinte años, cuando fue encontrada mientras se realizaban tareas de reparación.

Desde allí nos dirigimos a la plaza donde esta el palacio de invierno mas conocido por el Hermitage. Cruzamos bajo una especie de arco de triunfo incrustado entre dos edificios, coronado por una cuadriga romana, que conmemora la victoria sobre Napoleón y salimos a la plaza. Amplia, presidida por la columna de Alejandro en el centro de la misma, te deja frente al ilustre palacio que alberga en su interior infinitas obras de arte. Al lado izquierdo se encuentra el punto de información turística, y fuimos a pedir mapas y recomendaciones. Ya habíamos notado demasiada seguridad en la ciudad, pero quien sabe si seria lo normal. En la oficina de turismo nos dijeron que podríamos visitar el “Peterhof”, o palacio de verano entre los siglos XVIII y XIX de los zares, y nos recomendaron hacerlo ese mismo día, pues había una cumbre del G20 en la ciudad, y habría eventos con los ilustres invitados que provocarían algunas restricciones para “la plebe”.

Nos miramos y cambiamos todo el plan que habíamos trazado anteriormente. Preguntamos las maneras de llegar y nos dijeron que había dos formas, minibús o barco. Como el día acompañaba nos decidimos por esta última y allí nos fuimos. A dar un paseo por los jardines reales.

El barco que nos llevó por el río Neva hasta el Peterhof y no tardó mas de media hora. Situado en la orilla del golfo de Finlandia, las vistas que se tienen del barco hacen que valga la pena pagar el precio del viaje, entre 450-650 rublos ( 1€ son unos 43 rublos).  Ver alejarse los monumentales edificios del centro, cruzar la bahía a toda velocidad a la vez que uno sale a aguas abiertas y desde la cubierta  siente como  el sol baña su rostro, es una bonita sensación.

http://www.peterhof-express.com/

La entrada al parque son 300 rublos, 200 si eres estudiante. Algunos os preguntareis el por que se lo de los precios de estudiante, habiendo dejado los libros hace ya algún tiempo. Pues bien, os contaré un secreto. Varios viajeros nos contaron que enseñando cualquier carnet en muchos sitios te aplicaban el descuento de estudiante. Nosotros los únicos carnets que llevamos son los de identidad, de España y Holanda. Pues con algo de cara, los entregas y dices que eres estudiante, y te hacen la rebaja de rigor. Nos ha funcionado ya en varios sitios, así que seguiremos probando. Nos vamos ahorrando un piquillo …

El parque tiene sitios espectaculares, aunque como era de prever, estaba sitiado de guardaespaldas inspeccionando la zona, artistas improvisando y trabajadores ultimando preparativos, sobre todo en la zona principal donde se celebraría el evento del afamado grupo de “salvadores del planeta”. La Fuente de Sansón con sus esculturas doradas, y sus coordinados chorros de agua, son un deleite para la vista. Es muy bello poder contemplar algo así y sentirse como se deberían sentir los ilustres visitantes del palacio de los zares en aquellos días de esplendor imperial. En frente queda el gran Palacio, donde también el color ocre predomina, en contraste con el blanco  de molduras y ventanas o el dorado en cúpulas, que le da un aspecto celestial.

El resto de jardín es muy al estilo de la época, a la versallesa. Varios estanques se reparten por su terreno, jardines, parterres, estatuas, fuentes con dioses  de la mitología clásica, nos deleitaron la tarde, impregnando nuestras retinas de un recuerdo imborrable. tras recorrer todo el parque, volvimos a la fuente de Sansón, y pudimos ver el ensayo general para la cita del día siguiente. Parejas evocando la época zarina paseando, saludándose de manera tímida unos otros con aires de flirteo. Me estaba preguntando si los del G20 también serian así en su reunión, con acercamientos, postureos y sonrisas de hiena, mientras me montaba la película en mi cabeza, comenzaron a tocar música, todo se puso mas serio  y el director del montaje comenzó a gritar. Nosotros que eramos de los pocos turistas que aun se encontraban por la zona decidimos marcharnos. Pensándolo ahora, tal vez nos podríamos haber colocado los DNI´s en forma de acreditación, quien sabe si hubiera colado…

Galería del Peterhof:

http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/sets/72157641213282655/

Volvimos a la ciudad y para ahorrar algo decidimos hacerlo en bus. Fue un error, pues el tráfico a esas horas era terrible. Estuvimos atascados buena parte del camino y por la diferencia de precio no merece la pena comprobar la congestión de la ciudad en hora punta. Algo mas de una hora después, llegamos al centro. Para quitarnos el sabor de boca del atasco, nos dimos una vuelta alrededor de la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada. Paseando por los margenes del canal, escuchamos música de varios artistas callejeros. En uno de los laterales vimos que había un sitio que tenia wifi y ademas jazz en directo, nos metimos dentro a degustar unas cervezas y unos crépes con productos ahumados. Esta era nuestra recompensa a otro día duro. Al día siguiente volveríamos a la carga…

Fotos de aquellos paseos:

http://www.flickr.com/photos/elhombresinpatria/sets/72157641214097563/