Sobre raíles (I) : El Transiberiano, ruta a las entrañas de Rusia

Publicado: octubre 18, 2013 en Asia, AsiaBbatic, Fotografia, Mochileros, Rusia, Transsiberian, Trenes, Viajes

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Salimos de Vladimir en dirección a Omsk, donde efectuamos parada para no eternizar el viaje, que como destino final tenía Irkutsk y su bello lago Baikal en el corazón siberiano. Dos mil quinientos kilómetros, ¡treinta y ocho horas de tren! Cuándo lo vimos nos pareció que sería eterno, pero una vez en marcha, la verdad es que pasó rápido. Me apuraría a decir que se hizo corto…

Las reservas y la impresión de billetes pronto estuvo más controlado. Hemos tenido el privilegio de poder contar con la inestimable ayuda de internet a la hora de realizar nuestras reservas, ahorrándonos malos entendidos y colas insoportables. La página www.rdz.ru además la aplicación en inglés esta disponible desde mayo, con lo que uno de los principales temores del viaje quedó totalmente eludido. Cada estación cuenta con unas máquinas rojas en las que metiendo tu número de reserva y tu pasaporte, imprimes el billete. Nosotros para asegurar todo bien,y no entrar en pánico, acudíamos siempre una hora antes a las estaciones, cosa rara en mí, pues los que me conocéis ya sabéis que la puntualidad no es una de mis virtudes. Lo único que realmente hay que tener en cuenta es que todos los trenes circulan con horario de Moscú. En un país en el que puedes pasar por cuatros diferentes bandas horarias durante un trayecto, es un detalle bastante importante a medida que uno avanza en el viaje.

IMG_5710IMG_5715Hemos utilizado la clase platzkart, la más económica que puedes encontrar y que consiste en un vagón con nueve habitáculos y tres literas en cada uno (seis camas). Ademas cada vago cuenta con un samovar, una especie de caldera que te proporciona agua caliente durante todo el día y que es básico para la supervivencia en el tren, pues con ese agua hirviendo te preparas los noodles y las tazas de té que sean necesarias para subsistir. Ademas está la provonitza que es la azafata encargada de controlar los billetes, avisar de las paradas, repartir sabanas, limpiar el vagón y los aseos, y a veces de poner amenizadora música. La gente, que en principio te mira raro (como nosotros a ellos) suelen ser bastante amables. Viajan muy preparados, pues la mayoría viene acompañada de mucha comida, pasatiempos (los crucigramas son sus favoritos), libros, etcétera. Los viajeros en su mayoría, al menos pasan un día entero en el tren, con lo que se pertrechan bastante bien para ello. Con las distancias que hay en este país, ir de una ciudad a otra lleva casi mas tiempo de lo que nos lleva a nosotros en Europa el cruzar de un país al otro. Para haceros una idea, solo en estos dos trayectos atravesamos  cinco diferentes bandas horarias. Moscu tiene +2 CET, Omsk +5 CET, e Irkutsk +7 CET.

Nos alejamos poco a poco de lo conocido, y nos acercamos a lo inquietamente desconocido. Había ganas de comenzar la verdadera aventura, pues, pese a que a muchos de vosotros os parecerá todo una peripecia desde el principio, a nosotros aun no nos parecía gran cosa. pues no habíamos notado grandes diferencias culturales en lo que al estilo de vida occidental se refiere. No en vano, tan solo habíamos conocido las dos grandes ciudades rusas, Moscú y San Petersburgo, que no tienen mucho que envidiar a las grandes capitales europeas, como habréis comprobado en mis anteriores posts.

Mentalizados para el cambio, y con ganas inmensas de comprobar la evolución del viaje, de ir conociendo gentes y culturas mas diversas. Poco a poco notamos que incluso los rusos se iban abriendo mas, a medida que nos alejábamos de las grandes ciudades.

IMG_5637Nosotros tuvimos suerte con nuestras primeras compañeras de viaje. Svetlana una profesora y Elevna una ingeniera, rompieron el hielo con sus sonrisas y sus intentos por comunicarse con nosotros. Quedaron prendadas de la belleza de Kolja, y sus rasgos nórdicos y de mi humor latino. Con su poquito de inglés y nuestro diccionario ruso pudimos entretenernos un rato y pasar las primeras horas de viaje bastante bien. lastima que se bajaron pronto, en Nizhni Novgorod y no pudimos coincidir mas con ellas, pues eran bastante extrovertidas. Al despedirnos, Svetlana con una mirada nos deseo suerte para nuestro largo viaje, y algo que intuí como que cuidara de mi preciosa novia. Fue como si me lo estuviera diciendo la madre de Kolja.

La barrera idiomática pesa, eso es irrefutable, y hace que la gente en general mantenga las distancias, aunque siempre hay intrépidos que chapurrean algo de inglés y en cuanto te perciben se acercan a ti, a intentar ayudarte, conocerte e interesarse por ti ávidos de mejorar sus limitado conocimiento de la lengua de Shakespeare.

IMG_5776Como muestra de ello os contaré una anécdota ocurrida en nuestra primera velada que transcurrió por vías transiberianas. Rememoro aquella noche. Fuera era bastante cerrada. De fondo, la radio, con música rusa, bastante amenizadora. Guitarras, baterías, una melodía algo melancólica, de raíces pop-folk. Kolja se reflejaba en la ventana, sumida también en la escritura, nuestro pasatiempo para cuando las baterías del notebook o la tablet escaseaban ( yo andaba poniéndome al día con Breaking Bad, totalmente adicto ). Las últimas “pilas” siempre las reservabamos para ver algo antes de dormir. Llegaríamos a Omsk a las 6.15 a.m (siempre horario de Moscú )aunque allí serían ya las 9.15 a.m

Recuerdo tener la mirada perdida entre las sombras tras las que distinguía arboledas que íbamos pasando a gran velocidad, el destello de alguna luz y el centelleo al cruzarnos con algún otro tren de vez en cuando que viajaba en sentido opuesto al nuestro buscando inspiración.

Como iba diciendo, la gente es bastante amable dentro de los vagones. Hay una especial comunión entre los pasajeros. Aquella primera noche conocí a un chico, Vladimir con el que tuve la oportunidad de departir de diversos temas que hasta entonces pensaba que eran tabú por estos lares. Hijo de antiguos comunistas que ahora gozan de un retiro dorado a orillas del mar negro en algún apacible pueblecito ucraniano donde se dedican a producir vino, trabaja como fiscal para el estado, aunque “freelance”, lo que le permite viajar bastante. Él volvía de Helsinki y Copenhague y regresaba a su hogar en Perm. Se ofreció a hospedarnos en su casa y a enseñarnos los alrededores, pero desgraciadamente ya teníamos billetes comprados para Omsk e Irkutsk (próximos destinos) y andábamos muy justos de tiempo, con lo que declinamos su amistosa e interesante invitación.

Comenzamos a debatir de temas de ayer y de hoy relacionados con su país, los viejos tiempos, la historia, etcétera. De repente pregunté algo. Él, sospechoso, miró hacia los lados y me dijo que era mejor que siguiéramos hablando en otro lado. Me pidió que  le acompañara a echarse un cigarrillo, a lo que accedí, pese a que sabia que no iba a ser mi lugar favorito. Entre vagón y vagón, en un habitáculo minúsculo sin apenas ventilación, donde la gente acude a fumar, entre el humo y las pequeñas luces, la conversación adquirió un aire clandestino…

A nuestro lado había un grupo de chicas conversando con un chico. Este, se percató de que hablábamos de política, y se unió a nuestra conversación, abandonando a las tres señoritas que apuraban sus cigarrillos y sus latas de cerveza. Nuestro inesperado invitado, que no hablaba mucho inglés, pero al menos algo entendía, se llamaba Dimitri. Además Vladimir, le hacía las veces de interprete. Reflejo de la sociedad rusa, uno era defensor a ultranza del actual presidente, y el otro estaba contra todo, ni este presidente, ni los americanos y su contaminante capitalismo. Un tanto extraño bajo mi punto de vista, pues Dimitri, trabajaba en Siberia para una compañía energética, y yo por ello le suponía erróneamente mas afín a la política basada en la explotación de recursos que parece que esta reportando bastantes beneficios al país de la mano de Putin. Uno tiene querencia a conocer de primera mano las historias de cada país, aunque siempre tengan un prisma según quien te las cuente. Me hubiera gustado indagar algo mas, pero tampoco era el ambiente propicio para ello. Me tuve que conformar con ligeras pinceladas, para empezar a hacerme una idea de lo que la gente de aquí opina sobre ciertos escabrosos temas.

IMG_5668Las chicas esperaban, así que dejamos la conversación seria, para dedicarnos a cosas mas mundanas. Un español, y mas con pelo rizado y barba, es algo exótico por estos lares, y ellos también quieren conocer cosas y te preguntan por el estilo de vida que tenemos. Kolja estaba ya en la cama, así que me tuve que defender solo con la inestimable colaboración del “traductor” Vladimir. La verdad es que se me hizo amena la charla. La que mas animada parecía en saber cosas de mi, resulto ser la prometida de Dimitri. Castaña y delgadita, con rostro muy sonriente estaba apasionaba con mi acento, y mi nombre la enloquecía. Mientras dimitri estaba fumando, ella me decía en ruso “Manu no, pero Manuel, bufff…”  ante el rubor de Vladimir, quien se colocaba sus descolocadas gafas al traducirlo. A mi se me quedó cara de estupor. El novio, al regresar se percató de la escena y se lo tomó con gracia, y yo hice lo propio. Menos mal que mi “parienta” estaba en su aposento, no quiero imaginar lo que hubiera sido una pelea de celos en medio de los vagones del transiberiano entre una rusa y una holandesa…

Ya sin cervezas y tras un par de llamadas de atención de la provonitza, encargada de custodiar la tranquilidad en el vagón por las noches, nos retiramos a dormir. El vagón cada vez parecía mas vacío, conforme vamos aproximándonos a nuestro destino. Estos trayectos deben ser menos concurridos. Deberíamos estar adentrándonos en Siberia a esas alturas.

Como compañeros de habitáculo, teníamos a una señora mayor con su nieta, que ya dormían pese al escándalo que debimos montar. Por la mañana se bajaron en Ekaterimburgo, mientras yo me despertaba. Su lugar lo ocuparon un chico que no hablaba nada, y que  tan solo se limitaba a observar nuestros movimientos, y una chica muy simpática que chapurreaba algo de inglés. Descubrimos que era cantante, y algo famosa en su lugar de origen pues salia en la T.V, y no enseño fotos de ella con su grupo musical. Venia de regreso, tras visitar a su novio. Dos días de viaje en cada sentido ni mas ni menos. Si eso no es amor…

IMG_5787IMG_5803La acompañaba una flauta budista, que estaba intentando aprender a tocar, y que intentó infructuosamente que nosotros sacáramos alguna nota de ella. Detrás de nosotros un  señor muy amable que nos regaló tres tomates y un pepino que aderezaron nuestro insípido plato de alforfón (trigo sarraceno) muy típico de estos lares. El señor de aspecto kazajo, o mongol, viajaba con un montón de viandas que no le importaba compartir y que siempre sonreía. Hablaba muy poco ruso, y fue una pena el no poder comunicarse con él. Parecía una buenísima persona. Le gente de nuevo dormía y nosotros estábamos con el cansancio acumulado. Un rato después apuraríamos las baterías de nuestros “modernos” equipos electrónicos y cerraríamos los ojos. Al abrirlos ya estaríamos en plena Siberia. Preparados para al aventura. La primera etapa en el transiberiano nos dejaba bastante buen sabor de boca. Un montón de gente simpática que se había encargado de que no nos aburriéramos ni un instante. Una experiencia que ahora desde la distancia me recuerda ligeramente a la película “El camarote” de los hermanos Marx. Transiberiano, es sinónimo de diversión asegurada. Si podéis experimentarlo alguna vez, no lo dudéis, venid y descubrirlo vosotros ti mismos.

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comentarios
  1. Caním dice:

    Las crónicas de Manuanalógico!

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